sábado, 18 de mayo de 2013

¿POR DÓNDE ANDAN LOS TIROS? (*)


Por Elsa Claro

La verdad puedes encontrarla hasta en un basurero –aseguraba, hace mucho tiempo, uno de mis profesores cuando me entrenaba en este oficio. Viendo en los últimos años cómo fueron puestos tras las rejas altos dirigentes, me explico por qué  muchos de ellos se negaban a dar información a los periodistas. En cada caso develado, recordé lo dicho por aquel maestro y entendí mejor a diferentes colegas que desistieron de romper lanzas, hartos de esperar por respuestas que solo llegaron embaladas en inverosímiles celofanes.
Una de las quejas frecuentes de reporteros y comunicadores en Cuba es justo lo difícil que se la ponen “las fuentes”, aquellos obligados a dar datos, responder interrogantes. Los cambios estructurales en circulación hoy, serían más perceptibles si la apremiante evolución de la mentalidad corriera parejo con los de índole institucional.  El criterio vale para la prensa cubana, que tuvo razones para embotellar bríos cuando en el mundo se esperaba que la Isla fuera la siguiente ficha en caer, tras la implosión de la URSS.
Tuvo motivos  para abroquelarse, sí, pero carece de ellos hace rato. Del tema, en bulto o con detalles, se está tratando en las asambleas gremiales que se realizan en todo el país a tenor del IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) a efectuarse en julio.
Los profesionales  del sector  tomaron el temario a debatir con una muy dialéctica flexibilidad y sin desechar ese prontuario, no perdieron la oportunidad de referirse a lo hecho o dejado de hacer, verter inquietudes, los problemas con los cuales chocan, la esperanza de ejercer hasta mejor que en momentos más afortunados.
Entre los esquemas en boga está el que diarios, revistas, noticieros de televisión o radio, deben parecerse a la sociedad que reflejan. Aceptar que la prensa no retrata el medio donde actúa, es una superlativa autocrítica. Si está despojada de artificios, debe generar algo por encima de sacar a la luz algún trapito sucio de vez en cuando.
De los errores y flaquezas, son culpables quienes matan iniciativas y ordenan qué hacer, o censuran. Aquellos con una visión oficinesca de una faena de alto dinamismo, con muchos ingredientes, pero nada burocrática. También los que aceptaron cargos para dirigir periodistas, reproduciendo las fronteras y tabúes de aquellos por encima de ellos…o aumentándolos.
Hemos criticado, con razón y sentido ético íntegros, la cuestionable factura de los medios transnacionales o de un país dado, que aceptaron empotrarse entre los soldados norteamericanos para reportar  las guerras del imperio de modo unidireccional,  la visión de los atacantes. Parecido reparo merecieron los que con grosera mansedumbre o arrogante suficiencia, no investigan la realidad que ponen en solfa a priori, solo por discrepancias políticas o ideológicas.
Cuando en los mecanismos de difusión cubanos se deja de tratar  aquello de interés para la ciudadanía –negativo o no- caemos en actitudes parecidas a las que denunciamos, aunque no perjudique ni contribuya al mal, como sí sucede con ese amarillismo exacerbado que ataca gobiernos progresistas o insufla violencia donde debería existir limpieza y comprensión.
Un enfoque constructivo y justo,  es el que plantea perfeccionar la comunicación, con el empeño y pulcritud con que se  pule y reemplaza cuanto debe modificarse  en las estructuras organizativas nacionales en búsqueda de arreglos y avances en gran escala, procurando optimizar el proyecto, para el bien de todos.
No sé si algunos funcionarios habrán preferido no darse por enterados, sobre lo repetido por los principales dirigentes del país, cuando llaman a eliminar el secretismo y los límites impuestos, a veces risibles, por tan absurdos. O, como dijo el vicepresidente Díaz-Canel,  ignorando que las nuevas tecnologías  hacen imposible la mudez informativa con la cual, si algo se obtiene, es tergiversación y dudas.
Entre las opciones nacientes, se prepara la salida al aire de tres canales digitales (uno informativo, otro musical y un tercero para disfrute infantil). Funcionarán en  La Habana, Artemisa y Mayabeque, pero con planes de extenderlos hacia otras provincias a corto plazo.
La cereza del pastel será el que contiene noticias y reportajes con los debidos contrastes y matices para no darle algo pre digerido al espectador, sino datos y puntos de vista diversos que favorezcan el acercamiento a los sucesos presentados de modo objetivo.  Tratamiento noticioso nada original, aunque poco ejercitado durante años. Por eso faltan temas delicados y la adecuada pluralidad de criterios.
Es que para un cambio sustancial de la prensa se precisan unos cuantos etc. (elementos técnicos, fórmulas salariales, dotación de equipos, calificación…) pero, por encima de todo, son urgentes  las aperturas mentales. Un sano y vigoroso “lavado de cerebro” de quienes están a cargo de diarios y emisiones difusivas. Y de ahí hacia abajo también, que no faltan pecadores en el rebaño.
El meollo de esta historia, huérfana por ahora de varios capítulos que seguro llegarán, está en que a semejanza de los estorbos que se eliminan, -trampas legales o no escritas-,  también en esta zona de la existencia, capaz de establecer criterios o desfigurarlos, existan solo los códigos necesarios y con un buen fijador, como diría Zumbado (**).
(*) Este título lo pedí prestado a un querido colega que usa esa pregunta cuando busca el hilo para salir de cualquier laberinto.
(**) H. Zumbado, incisivo humorista cubano, hoy en retiro

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