Por Elsa Claro
La verdad puedes encontrarla hasta en un basurero –aseguraba,
hace mucho tiempo, uno de mis profesores cuando me entrenaba en este oficio. Viendo
en los últimos años cómo fueron puestos tras las rejas altos dirigentes, me
explico por qué muchos de ellos se
negaban a dar información a los periodistas. En cada caso develado, recordé lo
dicho por aquel maestro y entendí mejor a diferentes colegas que desistieron de
romper lanzas, hartos de esperar por respuestas que solo llegaron embaladas en
inverosímiles celofanes.
Una de las quejas frecuentes de reporteros y
comunicadores en Cuba es justo lo difícil que se la ponen “las fuentes”,
aquellos obligados a dar datos, responder interrogantes. Los cambios estructurales
en circulación hoy, serían más perceptibles si la apremiante evolución de la mentalidad
corriera parejo con los de índole institucional. El criterio vale para la prensa cubana, que
tuvo razones para embotellar bríos cuando en el mundo se esperaba que la Isla fuera
la siguiente ficha en caer, tras la implosión de la URSS.
Tuvo motivos para abroquelarse, sí, pero carece de ellos
hace rato. Del tema, en bulto o con detalles, se está tratando en las asambleas
gremiales que se realizan en todo el país a tenor del IX Congreso de la Unión
de Periodistas de Cuba (UPEC) a efectuarse en julio.
Los
profesionales del sector tomaron el temario a debatir con una muy
dialéctica flexibilidad y sin desechar ese prontuario, no perdieron la
oportunidad de referirse a lo hecho o dejado de hacer, verter inquietudes, los
problemas con los cuales chocan, la esperanza de ejercer hasta mejor que en
momentos más afortunados.
Entre
los esquemas en boga está el que diarios, revistas, noticieros de televisión o
radio, deben parecerse a la sociedad que reflejan. Aceptar que la prensa no retrata
el medio donde actúa, es una superlativa autocrítica. Si está despojada de artificios,
debe generar algo por encima de sacar a la luz algún trapito sucio de vez en
cuando.
De
los errores y flaquezas, son culpables quienes matan iniciativas y ordenan qué hacer,
o censuran. Aquellos con una visión oficinesca de una faena de alto dinamismo,
con muchos ingredientes, pero nada burocrática. También los que aceptaron
cargos para dirigir periodistas, reproduciendo las fronteras y tabúes de
aquellos por encima de ellos…o aumentándolos.
Hemos
criticado, con razón y sentido ético íntegros, la cuestionable factura de los
medios transnacionales o de un país dado, que aceptaron empotrarse entre los soldados
norteamericanos para reportar las
guerras del imperio de modo unidireccional,
la visión de los atacantes. Parecido reparo merecieron los que con
grosera mansedumbre o arrogante suficiencia, no investigan la realidad que
ponen en solfa a priori, solo por discrepancias políticas o ideológicas.
Cuando
en los mecanismos de difusión cubanos se deja de tratar aquello de interés para la ciudadanía
–negativo o no- caemos en actitudes parecidas a las que denunciamos, aunque no
perjudique ni contribuya al mal, como sí sucede con ese amarillismo exacerbado
que ataca gobiernos progresistas o insufla violencia donde debería existir
limpieza y comprensión.
Un
enfoque constructivo y justo, es el que
plantea perfeccionar la comunicación, con el empeño y pulcritud con que se pule y reemplaza cuanto debe modificarse en las estructuras organizativas nacionales
en búsqueda de arreglos y avances en gran escala, procurando optimizar el
proyecto, para el bien de todos.
No sé si
algunos funcionarios habrán preferido no darse por enterados, sobre lo repetido
por los principales dirigentes del país, cuando llaman a eliminar el secretismo
y los límites impuestos, a veces risibles, por tan absurdos. O, como dijo el
vicepresidente Díaz-Canel, ignorando que
las nuevas tecnologías hacen imposible
la mudez informativa con la cual, si algo se obtiene, es tergiversación y
dudas.
Entre las
opciones nacientes, se prepara la salida al aire de tres canales digitales (uno
informativo, otro musical y un tercero para disfrute infantil). Funcionarán
en La Habana, Artemisa y Mayabeque, pero
con planes de extenderlos hacia otras provincias a corto plazo.
La cereza
del pastel será el que contiene noticias y reportajes con los debidos
contrastes y matices para no darle algo pre digerido al espectador, sino datos
y puntos de vista diversos que favorezcan el acercamiento a los sucesos
presentados de modo objetivo. Tratamiento
noticioso nada original, aunque poco ejercitado durante años. Por eso faltan
temas delicados y la adecuada pluralidad de criterios.
Es que para
un cambio sustancial de la prensa se precisan unos cuantos etc. (elementos
técnicos, fórmulas salariales, dotación de equipos, calificación…) pero, por
encima de todo, son urgentes las aperturas
mentales. Un sano y vigoroso “lavado de cerebro” de quienes están a cargo de
diarios y emisiones difusivas. Y de ahí hacia abajo también, que no faltan
pecadores en el rebaño.
El meollo
de esta historia, huérfana por ahora de varios capítulos que seguro llegarán,
está en que a semejanza de los estorbos que se eliminan, -trampas legales o no
escritas-, también en esta zona de la
existencia, capaz de establecer criterios o desfigurarlos, existan solo los códigos
necesarios y con un buen fijador, como diría Zumbado (**).
(*) Este
título lo pedí prestado a un querido colega que usa esa pregunta cuando busca
el hilo para salir de cualquier laberinto.
(**) H. Zumbado, incisivo humorista cubano, hoy
en retiro
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